La función está en marcha

Función Todas las noches de un día

04 Jul La función está en marcha

La función está en marcha, está siendo una gira rompe piernas, no terminamos de hacerla más de dos días seguidos y nos causa un cierto desasosiego, algo de cansancio; un cansancio que  te recorre antes de haberte cansado. Horas en casa entrenando, afinando la voz, perfilando personaje y volviendo, una y otra vez sobre el texto para ir descubriendo la, ya descubierta, verdad  de las intensas horas de ensayo, ya tan lejanas en el recuerdo.

Mi idea sobre el teatro es que todo lo que ocurre en el escenario, todo lo esencial, quiero decir, se debe  hacer con y en relación al público. Él es el que dinamiza los límites de verdad / mentira, de clímax y, sobre todo, de ritmo. El público, como “una masa tranquila” (Lorca), que respira y silencia los acontecimiento en función de su intensidad, de su interés, (sobre todo, su interés que no es otra cosa que la emoción), va construyendo caminos que procuro ir transmitiendo de una plaza a otra; aprendizajes de otros públicos que añado al que viene y que este vuelve a respirar para acumular información. 

Acumular es una palabra clave que debería ser más tenida en cuenta en estos momentos de premura e inmediatez. 

Lo propio de las nuevas escuelas tiene más que ver con lo espectacular, con lo improvisado, eso que solo pertenece a su momento y que no puede ser reproducido en otros momentos-lugares distintos. Una verdad sin cuestión sin duda; yo la suscribo y lo anhelo, toda la vida lo he anhelado, incluso cuando nadie pensaba así. Pero no pierdo de vista que se acumula, y solo hay un transmisor entre un lugar y otro: no se cual es…. creía que el actor, pero pienso si no me estoy dando demasiada importancia, quizás sean  los ecos que el propio “espectáculo” va generando.

Por ejemplo, qué diferencia de público entre el norte y el sur. Esta historia, en el sur, causa un impacto sobrecogedor, emocional. En el norte lo llamaría reflexión. No me digan por qué, no lo entiendo ni puedo dar una explicación, ni siquiera podría jurarlo ante los jueces de la “gurtel”😉, pero la diferencia es evidente. Es verdad eso de que el norte es la profundidad y el sur el hedonismo: lo superficial, y que ambos se necesitan para existir. Que haya profundidad es porque algo lo cubre en la superficie. Y que la superficie flota en el gran magma de lo profundo.

Lorca hablaba de una pasión con los pies en la tierra o de un sueño con ojos abiertos. Y de esto va la pieza que tenemos entre manos. De esto va el reto. Hay tantas contradicciones que descubrir en esta relación de “¿amor?” entre dos seres soñados-amados, que se parecen a cada uno de nosotros de forma rabiosa.  Y en ese enigma anda norte y sur, poniendo cada uno su parte. Estas dos personas, lo que se llama personajes  en los estudios de interpretación, no son otra cosa que nosotros en estado onírico, ese estado mas real que la realidad no pensada. (No sigo por este camino porque es muy complejo y no hay lugar aquí para ello).

Las contradicciones nunca son asumidas y la falta de asunción de todos ellas nos convierten en pollos descabezados que van de un lugar a otro dándose contra todo. Diez minutos en Cibeles-Madrid, por ejemplo, son suficientes para darse cuenta de este fenómeno llamado rebaño. 

Samuel un hombre de pensamiento y calma, encuentra en las plantas de su invernadero un lugar de recogimiento y reflexión. Él tiene una deuda con la vida y consigo mismo y quiere ponerse al día. Esa es una voluntad heroica. Ponerse frente a sí mismo, frente al espejo que estaba vuelto contra la pared, como el de Dorian Gray.  Al hablar uno va llenándose de verdades y mentiras que defiende, insensato, a puñadas, pensamientos atávicos heredados y asumidos como propios y de los que hay que liberarse para acercarse a la verdad. La verdad es la única revolución posible que queda pendiente, que siempre quedará pendiente, por fortuna. Un camino iniciático hacia la verdad lo empieza a recorrer Samuel desde el primer corte de tijera, y lo hará llevándose con él a Rosita, “Doña Rosita la Soltera” y  a todos los seres de la imaginación colectiva. Y cada función evidencia la necesidad de seguir andando, un ave fénix de nosotros mismos. 

Cada función me parece que será la última, esto ya lo vengo viviendo hace tiempo: lo viví con “El Alcalde de Zalamea”, y nunca sabré si este era el secreto profundo e inconfesable por el que las cámaras dejaron de mirarme, de enfocarme. Sí…., como si uno estuviese en plena función, esperando a la de mañana para resolverlo. Y eso sí, sin cortes, sin “vamos a hacer otra…” de perfil. No hay mejor perfil que ir de frente. El teatro: de frente ante el público, próxima parada Avilés. Hasta ahora. 

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